Esto tampoco estaba en el contrato

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Al recibir a Jesús y empezar a servirle hay muchas cosas que no se mencionan nadie te dice “¿Quieres recibir a Jesús? Sólo recuerda que no será fácil, que Dios tendrá que formarte y muchas cosas tendrás que quitar de tu vida.” No, nadie hace eso. Se omiten esa clase de cosas y es que cuando me comprometí con El a provocar que otros se acercaran, nadie me dijo que muchos me iban a rechazar, que habría gente que me daría la espalda. Nadie dijo que algunos no me escucharían, que otros si me escucharían pero no lo aplicarían y que muchos de los que lo aplicarían no agradecerían.

Esa creo que era esa letra pequeña al final del contrato, esa que nadie lee. Y es que hay muchas cosas que nunca se mencionaron, por ejemplo nadie dijo que el me iba a bendecir como lo ha hecho, que nada me faltaría, que puertas que a otros no se les abren a mi si se me abrirían, que recibiría cosas que no merezco, que tendría un mejor amigo para toda la vida. Nadie dijo que El estaría siempre allí, cuidandome, amandome, que cuando esos se voltearan y me dieran la espalda El permanecería siempre fiel. No, nadie lo dijo.

Y es que al ponerlo en esa balanza del corazón, esa que está más acostumbrada a ponerle atención a todo lo malo, pesa más lo bueno que nunca se mencionó.

Y es que no es fácil seguir a Jesús y nadie dijo que lo sería. Recuerdan eso de “Él que no deje… No puede ser mi discípulo” creo que no era un chiste, es cierto. El que no muere, no puede tener vida eterna. El que no entrega, no puede recibir más. El que no sirve, no sirve. Tan simple como eso.

No es fácil y hay muchas cosas que no estaban en el “trailer” de la película de nuestro líderazgo, pero ¿Eso no lo hace más increíble? No saber como termina, eso lo hace más interesante.

 

¿Recomendaciones para servir a Jesús?

- Guarda tu corazón (De el brota la vida ¿Recuerdas?)

-No te dejes vencer a la primera. (Ni a la segunda, tercera, cuarta ni en ninguna de las veces que te lastimen)

-No te canses de amar a la gente, por algo estamos rodeados de otros humanos llenos de errores y defectos.

-Tu mirada no debe estar centrada en el presente sino en ese futuro impresionante que El prometió.

-Haz a un lado los sentimientos, pesan demasiado y solo te hacen más lento.

-Recuerda que “El que persevere hasta el fin, ese será salvo.”

 

Y como dijo Luis Palau alguna vez “El evangelio no es una carrera de velocidad, sino una maratón de resistencia.” (Parafraseado)

Como al salir del gimnasio

Me pasa (muy seguido) que al salir del gimnasio veo los resultados “del día” y sonrío. Salgo del gimnasio y siento que puedo encontrarme a Vin Diesel y que me va a tener miedo, siento que todas me las puedo, que no hay nadie que sea más fuerte o cuadrado que yo.

Si, eso pasa al salir de allí, pero luego al terminar de cambiarme, salir a la calle y llegar al trabajo siento el cuerpo igual nuevamente, me cuesta cargar cosas muy pesadas otra vez y los brazos se desinflan, y eso mis queridos amigos es lo que nos pasa muchas veces en nuestra vida espiritual.

Ese domingo en el que Dios habló y transformó tanto tu vida que ya no querías ser igual nunca más, pero que el miércoles se te olvidó y volviste a fallar en lo mismo.

Esas veces que la prédica de cierta reunión fue acerca de la fe y al salir de la iglesia queremos comernos el mundo, pasamos al lado de una montaña y queremos gritarle que se mueva, pero días después tenemos un reto en frente y nos sentimos como hormigas al lado de leones.

Si, yo sé que se siente cuando a los días siguientes de que Dios habló, cuando ya no está reciente “el ejercicio” uno se vuelve a sentir tan débil y sensible a la vez.

Recuerdo el primer día que fui al gimnasio, recuerdo ese momento en el que me dolía todo al día siguiente, que no quería levantarme de la cama porque me dolía solo pensarlo. Recuerdo no querer regresar porque no quería que este dolor aumentara.

Pero también recuerdo las palabras de alguien: “Si no volves a ir no se te va a quitar el dolor, volviendo a ir, tu cuerpo se va a ir acostumbrando.”

Y así fue.

Empece a no hacerlo una vez al mes, sino con más frecuencia. A ejercitarme siempre. Eso provoco que subiera de peso, que cambiara de talla en la ropa, que mi hambre fuera mayor, que al momento de cargar algo pesado tuviera las fuerzas para hacerlo.

Esto de hacerlo constantemente, hace que cuando hayan retos, sin importar lo pesados y difíciles que sean podamos soportarlos, que todo luzca más fácil y que crezcamos cada día más.

A Dios no se le busca en una reunión o cada vez que es navidad o semana santa, se hace constantemente porque es una relación y no un producto que podemos usar en emergencias.

Que vergüenza la vergüenza

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Hace poco escuché la canción “Nunca me avergonzaré” de Redimi2 y entre toda la increíble canción, encontré una parte que llamó mucho mi atención: “Ellos no se avergüenzan de lo vergonzoso, como yo he de hacerlo de algo tan poderoso…” y es que muchas veces respetamos más las creencias ajenas que las propias.

Y muchas veces nos agarramos de “los cristianos debemos de poner la otra mejilla” y sí, es cierto, pero también es cierto que debemos movernos, que debemos crear revoluciones, pregunto: ¿Qué sería de nuestra fe sin un Martin Lutero que se reveló contra el sistema? ¿Qué habría pasado si Moises hubiera callado y nunca se hubiera revelado ante el faraón y le hubiera dicho lo que Dios tenía que decir? ¿Qué sería de nuestra fe sin un Jesús que se paró frente a los religiosos y botó su manera de pensar?

“No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para que todos los que creen alcancen la salvación…”

Romanos 1:16

¿Qué será del futuro si no nos levantamos ante el mundo y presentamos a Jesús?

¿Tan poco vale nuestra fe? ¿Tan poco vale ese sacrificio en la cruz para nosotros…?